Mercado humano (nocturnidad)

Ya, ni me llamaba la atención. Tan sólo me limitaba a dejarme desnudar y quedarme quieto sobre la cama para que la chica de turno, con mayor o menor esmero y ganas, me trabajase hasta hacerme eyacular. Simplemente eso.

Todas las casas que visité se parecían. Eran tristes pisos amueblados con lo justo y todo de gusto ordinario. Todas me recibían con los mismos saludos, las mismas palabras:  ¡hola guapo!, ¿cómo estás? ¡Pasa, pasa, ya verás que bien que lo pasas conmigo!. Tengo una compañera, mira ven que te la presente, ¡Pilar, mira quien ha venido!….

No apto en internet …

Publicado por mi propia editorial: “Malamarcha producciones”

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